Tras luchar mucho, las mujeres españolas pudieron votar por vez primera en las elecciones de otoño de 1933.
En las décadas primeras del siglo XX veremos surgir un movimiento de mujeres ligado a la burguesía catalana. Destacaron Dolors Monserdà y el grupo de la revista Or i Grana (1906-1907), Carmen Karr, directora de Feminal (1907-1917) y Francesca Bonnemaison, creadora del Institut de Cultura y de la Biblioteca Popular per la Dona (1910).
En 1918 se fundaba la Asociación Nacional de Mujeres de España, por Consuelo González Ramos y María Espinosa de los Monteros, para luchar por el sufragio femenino. En ella se integraron Clara Campoamor, Victoria Kent, Elisa Soriano, etc. Fomentó, junto con otras asociaciones, la creación del Consejo Supremo Feminista de España.
Pero no podemos olvidar tampoco a la Unión de Mujeres de España, la Juventud Universitaria Feminista, Acción Femenina, y Cruzada de Mujeres Española, donde destacó Carmen de Burgos. Debemos aludir también a la creación del Lyceum Club Femenino, asociación de mujeres madrileñas que existió entre 1926 y 1939 impulsada por María de Maeztu y formada por una élite femenina muy activa compuesta por Victoria Kent, Zenobia Camprubí, Isabel Oyarzábal, etc. Su objetivo fue la defensa de los derechos de la mujer y establecer un espacio donde las mujeres pudieran desarrollar su interés profesional y cultural.
En el ámbito del movimiento obrero, el anarquismo siempre fue muy favorable a la causa femenina. El feminismo tuvo más dificultades para abrirse camino dentro del movimiento socialista, aunque este terminaría por incorporar sus reivindicaciones, destacándose la figura de María Cambrils. La Dictadura de Primo de Rivera fue primer régimen que planteó ciertos derechos de sufragio para la mujer. El Estatuto de 1924 y el Provincial (1925) establecieron la posibilidad de que las mujeres pudieran votar y ser elegidas, aunque las votantes tendrían que ser mujeres cabezas de familia. En todo caso, nunca hubo elecciones a ninguno de estos dos niveles administrativos.
En la posterior Asamblea Nacional Consultiva se permitió la presencia de mujeres de cualquier estado, aunque las casadas necesitaban el permiso del marido. En las elecciones a Cortes Constituyentes de junio de 1931 se reconoció a las mujeres el derecho a ser elegidas, aunque no a elegir. Diputadas fueron Clara Campoamor, Victoria Kent y Margarita Nelken.
Entre los intensísimos debates constitucionales estaría el del reconocimiento del derecho al sufragio femenino. El debate sobre el artículo correspondiente comenzó el 30 de septiembre, al discutirse sobre el derecho a votar a los hombres mayores de veintitrés años y a las mujeres a partir de los cuarenta y cinco. Ya Clara Campoamor cargó contra esta discriminación. El 1 de octubre intervino Victoria Kent desaconsejando el reconocimiento del sufragio femenino por el momento, empleando un argumento que usó parte del republicanismo y la izquierda en el debate general que se suscitó en el país. Nos referimos a la idea que supuestamente la mujer, por la fuerte influencia de la Iglesia, podía hacer peligrar con su voto la estabilidad de la República. Victoria Kent opinaba que cuando la mujer se diera cuenta de las virtudes de la República, esta se convertiría en su mayor defensora. Clara Campoamor respondió intentando demostrar que en la campaña electoral había visto a las mujeres comprometidas con la República. La única manera de «madurarse» para el ejercicio de la libertad y hacerla accesible a todos era «caminar dentro de ella».
Al final, salió reconocido el derecho de las mujeres en plano de igualdad con los hombres (veintitrés años) por 161 votos a favor por 121 en contra, pero con 188 abstenciones. Votó a favor el PSOE, aunque algunos socialistas no acudieron a votar. También votaron favorablemente diputados de distintos grupos republicanos federales, progresistas, catalanistas, gallegos, y los diputados de la derecha minoritaria en la Cámara. En contra lo hicieron los grupos republicanos fuertes, es decir, Acción Republicana, el Partido Republicano Radical y el Partido Republicano Radical-Socialista, aunque hubo excepciones entre algunos diputados de estos grupos. De esta manera, las mujeres españolas pudieron votar por vez primera en las elecciones de otoño de 1933.

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